jueves, 12 de junio de 2014

Escribo porque me sale de los huevos. Escribo para reivindicar la dignidad de las cosas pequeñas, acaso demasiado frágiles para resistir la luz de sol. Escribo para optimizar mis posibilidades de reproducirme, para convertirme en alguien hermoso, para compensar esta necesidad de atusarme el pelo y abrocharme el abrigo todo el tiempo. Escribo por las razones más prosaicas: porque estoy resfriado, porque el baño está ocupado, porque se ha terminado el pan bimbo. Escribo porque nada nos salvará -sino escribir- de esta terrible vacuidad. Escribo para que me quiera, para aprender a quererla mejor, para que al menos me quede una buena historia que contar si algún día ella deja de quererme. Escribo porque me la pone dura. Escribo porque es lo único que sé hacer. Escribo porque de alguna manera hay que sobrellevar el ser pobre.

Tengan consideración: es muy duro todo esto.

jueves, 5 de junio de 2014

He decidido que, a partir de ahora, voy a vivir como si nadie me hubiera hecho daño. Será difícil, pero quiero intentarlo: todo consiste en levantarme cada mañana y contemplar el mundo como si lo viera por primera vez. 

Y al rato desayunar descalzo, saludar a los vecinos, leer el periódico como quien hojea un libro ilustrado. Y salir a la calle con la alegre convicción de que todo está aún por escribir. La de la frutería, la pareja de mormones, el agente de transito que, en su celo, comprueba dos veces cada ticket de aparcamiento antes de irse a tomar café. Porque es que ya no existe el miedo. Ni la duda. Todos ellos albergan un tesoro raro y precioso, una esperanza incierta, una enseñanza que depositar suavemente entre mis manos.

Y así seguiré caminando, ligero y ocioso, con la firme convicción de dejarme llevar por todo lo que me salga al paso, de saborear con ganas ese caramelo que me regala un desconocido, de ignorar sistemáticamente las señales de tráfico.

Así, así es como quiero vivir a partir de ahora: como un niño de pelo revuelto y ojos transparentes al que nunca nadie hubiera hecho daño.

Y bueno: tan sólo quiero pedirte perdón por todo el que te voy a hacer a ti.