Escribo porque me sale de los huevos. Escribo para reivindicar la dignidad de las cosas pequeñas, acaso demasiado frágiles para resistir la luz de sol. Escribo para optimizar mis posibilidades de reproducirme, para convertirme en alguien hermoso, para compensar esta necesidad de atusarme el pelo y abrocharme el abrigo todo el tiempo. Escribo por las razones más prosaicas: porque estoy resfriado, porque el baño está ocupado, porque se ha terminado el pan bimbo. Escribo porque nada nos salvará -sino escribir- de esta terrible vacuidad. Escribo para que me quiera, para aprender a quererla mejor, para que al menos me quede una buena historia que contar si algún día ella deja de quererme. Escribo porque me la pone dura. Escribo porque es lo único que sé hacer. Escribo porque de alguna manera hay que sobrellevar el ser pobre.
Tengan consideración: es muy duro todo esto.
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