martes, 28 de febrero de 2017

Dejemos de mortificarnos: tenemos derecho a la vulnerabilidad. A dejarnos arrastrar por el primero que pasa, desoyendo los consejos paternos y de las masas. A relativizar la maldad del prójimo, justificarla en base a desafortunados traumas infantiles, corresponderla con comprensión. A confiar en un auténtico hijo de puta que está a punto de apuñalarte por la espalda. Tenemos derecho a considerar una excepción, a que finalmente nos hieran de muerte, a correr sin sentido.

De todo se aprende, supongo.

Aunque te llevás unas cagadas.

Y unas reprimendas por parte de los demás.

Pero bueno, al menos fuiste valiente.

También muy imbécil.

Algo así como un empate emocional con vos mismo.

No pasa nada: volverás a intentarlo.

sábado, 11 de febrero de 2017

He aprendido a ser feliz, a querer, a trabajar, a activar el paquete de datos del móvil tres minutos antes de que se venza. He aprendido que las personas olvidan lo que les hiciste, pero no cómo les hiciste sentir. He aprendido que las cosas llegan cuando tienen que llegar. He aprendido a hacer lasaña. Y tortilla de maíz. Y también las bases del electromagnetismo, aunque me costó un poco. Y el porqué de la vida, que me costó aún más porque al final resultó que no hay ninguno. He aprendido a secar flores, a encuadernar un libro, a comer de todo. Y a señalarte en el cielo estrellado.

Pero a quedarme a solas conmigo mismo.

No.

A eso no.