En realidad, lo peor de todo es el olvido.
Te pasás meses, años pensando en lo desgraciada, lo miserable que era. En todo el daño que te hizo, todas las mentiras. En lo mucho que te jodía que te celará hasta de tu madre.
Pero de pronto, un día ya no es una desgraciada, ni una miserable, ni te ha hecho daño, ni te ha mentido. E incluso se puede relativizar para bien el hecho de que de vez en cuando dejara un poco de mierda en alguna parte.
Sencillamente no está. Se fue.
Y entonces vos vas a dar un largo paseo, liberado y feliz.
Pero también un poco más podrido por dentro.
Aunque aún no lo sabés.
Y eso es el olvido.