Nadie tiene ni idea de quién es nadie. Nos intuimos, nos sospechamos, nos evocamos al arrullo de una canción o entre las hojas que cubren las aceras.
Es todo tan poético.
Pero en resumen: ni puta idea.
martes, 21 de enero de 2014
lunes, 20 de enero de 2014
A la atención de los que se pasan el día haciendo juicios sobre lo bueno, lo malo y el correcto equilibrio de las cosas; de quienes tienen clarísimo qué es el arte, quién puede escribir y quién no, a quién le ha sido dado bailar antes los ojos del mundo entero o, por el contrario, debería conformarse con menear un poquito la cabeza los viernes en su cuarto; de los que dejan caer sus juicios como una losa de mármol y después se van silbando; de los que te sugieren que no lo intentes, que no merece la pena, que ya lo ha hecho otro antes; de los que se limpian las gafas con una gamuza y no paran hasta encontrar esa errata, ese titubeo, esa mala pincelada en un día de debilidad; de los garantes de todo lo valioso, lo bello, lo virtuoso: no sé, tóquenme los huevos.
martes, 14 de enero de 2014
La otra noche, mi padre me sacó al jardín y dijo señalando las ventanas del bloque: ése, ése, ése y ése se han muerto. Y ése también.
Lo cierto es que se trata del típico pueblo de extrarradio que surgió a golpe de desarrollismo y cuyos habitantes tradicionales poco a poco van cediendo paso a otros que no son ellos.
Y bueno: sé que nada dura para siempre, que la vida está viva, que es el natural devenir de las cosas, que todo es un eterno retorno de lo mismo.
Pero jo: qué pena tiene que dar quedarse solo.
Lo cierto es que se trata del típico pueblo de extrarradio que surgió a golpe de desarrollismo y cuyos habitantes tradicionales poco a poco van cediendo paso a otros que no son ellos.
Y bueno: sé que nada dura para siempre, que la vida está viva, que es el natural devenir de las cosas, que todo es un eterno retorno de lo mismo.
Pero jo: qué pena tiene que dar quedarse solo.
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