Si echo la vista atrás, creo que aún no he follado con nadie que no estuviera como una puta cabra.
Y sí, debería reflexionar sobre ello: no me trae más que problemas, sombrías depresiones y eternas discusiones frente a una taza de café que siempre se queda frío.
Pero qué quieren que les diga: aún no he encontrado a nadie cuerdo, sereno y equilibrado que no sea básicamente un estúpido.
Eso sí: no pierdo la esperanza.