Te quiero, pero me da miedo que mis idas y venidas, este torbellino emocional de mierda que me caracteriza acabe por matar nuestro hipotético amor. Y eso sin profundizar en el hecho de que, acaso, mi forma de querer sea muy distinta a la tuya. O que directamente tuviéramos que prescindir de dicho término y sutituirlo por otro que diera cuenta de todos los procesos relativos al querer. No vos y yo, sino todo el mundo. Ya sabés: el enamoramiento, el toqueteo continuo, el descubrirnos y maravillarnos cada día de lo mucho que se parecen nuestras formas de mirarnos. Pero también de la rutina, los besos de medio lado, la melancolía, los despechos y las bombas de racimo. Ojalá pudiera inventar yo mismo esa palabra y provocar un gran consenso social torno a ella. Ojalá nadie tuviera que llorar nunca jamás. Pero yo sólo soy un tipo extrarradio. Vos hacés que quiera convertirme en un hombre de provecho. Quizá te quiera por eso. Quizá por tus manos, que parecen concebidas únicamente para acariciar. O quizá tan sólo esté perpetuando un manido patrón cultural. Puede que esto no nos conduzca sino al más bello de los desastres. Lindo, la verdad. Pero para qué engañarnos: desastroso. Dolores de cabeza, decepciones, psicoterapeutas, el corazón en un puño y el estómago hecho trizas. Por otra parte, lo que sí es seguro es que quiero sobarte las tetas. Es un alivio: al menos esto sí esconde una dimensión volitiva incontestable. Pensaré en ello cuando vuelva a dudar de mis sentimientos. Porque es que no hay otra certeza que nuestras dudas. Tan sistemáticas, tan razonables, tan putas. Pero bueno: concedámonos un respiro. La neurosis está totalmente pasada de moda. Afrontemos esto con madurez y valentía y la expectativa de que yo te sobe las tetas y vos a mí lo que querrás y, al menos, seamos felices durante este irrepetible instante en que por fin yo te digo que te quiero. Ya está. Ya lo dije. Lo más probable es que sea una cagada. Un despropósito. El grito sincero que procede a todo suicidio. Crucemos los dedos. No prometo nada. Pero lo repetiré porque, a lo tonto, parece que ya voy cogiendo práctica: te quiero.
Y ojalá que vos a mí.
Tus escritos son una maravilla. Gracias.
ResponderEliminarUn corazón roto con mucho amor para dar y con nadie tan grande para hacerlo. Muchas gracias.
Eliminar