martes, 28 de febrero de 2017

Dejemos de mortificarnos: tenemos derecho a la vulnerabilidad. A dejarnos arrastrar por el primero que pasa, desoyendo los consejos paternos y de las masas. A relativizar la maldad del prójimo, justificarla en base a desafortunados traumas infantiles, corresponderla con comprensión. A confiar en un auténtico hijo de puta que está a punto de apuñalarte por la espalda. Tenemos derecho a considerar una excepción, a que finalmente nos hieran de muerte, a correr sin sentido.

De todo se aprende, supongo.

Aunque te llevás unas cagadas.

Y unas reprimendas por parte de los demás.

Pero bueno, al menos fuiste valiente.

También muy imbécil.

Algo así como un empate emocional con vos mismo.

No pasa nada: volverás a intentarlo.

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