domingo, 19 de septiembre de 2021

Es un poco como el juego del gato y el ratón. Estoy aquí. Vaya, yo me acabo de ir. Te necesito. Pues quizá deberías buscarme un poquito. Aparezco entre tus brazos. Me deshago de tu abrazo, aborto tu intento de darme un codazo y me pongo —porque así es cómo surgen las cosas— a empapelar con motivos Art Nouveau mi cabeza. Ahora me mirás de reojo. Ahora yo te guiño un ojo. Ahora me vuelvo a ir. Lejos, muy lejos. Lejísimos. Lo experimento como una terrible afrenta a mis sentimientos. Generamos una dinámica de desplantes. Perdoná: la generaste vos. Preferiría no seguir por ahí. Hablemos mejor de algo practico. Nuestros pensamientos, por ejemplo. La cena. La inminente intervención armada en el Oriente. Supongo que tampoco es necesario hablar todo el tiempo. Pues antes lo hacíamos. Antes todo era distinto. Antes era hace cinco minutos. Pobre: mirá cómo contempla, incólume, este funeral de amor. Quién. Pues los pensamientos, quién va a ser. No me río. Te estás riendo. Andate a la mierda. Me voy para siempre. Te necesito. Pues quizá deberías buscarme un poquito. Sos mala. Y vos un egoísta. Un pellizco en los pezones. Pues ahora sí que me río. Pero dolió. Te jodés. Te quiero. Preparemos café.

No hay comentarios:

Publicar un comentario