viernes, 23 de junio de 2017

Nunca he conocido a nadie malo. Quiero decir: malo en esencia, un alma despojada de toda bondad, un puto insecto, vaya: alguien incontestablemente malo, malo de puta mierda.

Lo que si he conocido, por ejemplo, ha sido gente que engañaba por no defraudar. Y también a quien disfrazaba de crueldad su propia incertidumbre. Recuerdo que una vez me hicieron mierda, pero porque temían que, de lo contrario, yo los fuera hacer mierda primero. Y cuando por fin decidí defenderme, lo que sentí después fue miedo.

De mí mismo, sobre todo.

La verdad es que los he visto de todos los colores: ladrones por necesidad, manipuladores condicionados por alguna difusa carencia emocional, mentirosos por estética, egoístas por melancolía, infieles muy fieles a su naturaleza, malhumorados por despecho, temerosos asesinos de todo lo bonito.

En verdad tampoco sé muy bien qué son el bien y el mal.

Lo que sí he conocido es un montón de gente triste.

No hay comentarios:

Publicar un comentario