Qué difícil es todo lo que importa.
Y puede que lo sea precisamente por eso: porque importa.
O quizás porque, cuando algo empieza a importarnos, nuestro cerebro se precipita por un abismo de ansiedad y neurotransmisores, alejándonos poco a poco de lo que en realidad nos importaba.
Y claro: a veces se hace difícil recordarlo.
Hay tantos lugares en los que perderse. Tantos detalles. Tantos anhelos. Tantas culpabilidades.
Pero aquí estamos: tú y yo, mi boca y la tuya unidas por un hilillo de saliva casi invisible, mirándonos a los ojos con la certeza de que, en este mismo instante, somos plenamente conscientes de lo que verdaderamente importa.
Y de que será difícil.
Es como si los dos acabáramos de volver de un largo camino.
Un camino tenebroso, plagado de lugares donde perderse.
Pero aquí seguimos: tú y yo, nuestras discusiones, tus dificultades y las mías, la confianza temblorosa.
Yo qué sé, abrázame.
En serio: deja que te abrace tan fuerte como pueda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario