A veces, me gustaría ser bonito. Como una novia que tuve que era drogadicta, anoréxica, mentirosa y puta. Pero vaya: no se daba cuenta de que era bonita. O como mi gata, que ahora estará lamiéndose la pata en sus aposentos, con esa expresión tan hermosa, tan suya: principalmente porque sólo tiene ésa. O como a algunas personas, cuando les explico que el mundo es en realidad una construcción cultural y ellos se limitan a refutarme con una sonrisa preciosa.
En fin, ser sencillamente bonito, salir a la calle, dejarme llevar, sentir el viento en la cara, reírme con ganas, prescindir de esta constante necesidad de estirarme la camisa y subirme los pantalones, mirar a los demás a los ojos, saludar sin tener en cuenta la coyuntura social ni la climatología, respirar, tocar, aprender a bailar sin música ni complejos.
Y que la gente me viera y dijera: anda, alguien bonito.
Pero nah: no me ha tocado.
Y aquí estoy: justificándome con toda esta mierda.

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