Sintetizando mucho: el mundo es inviable.
Y es que este mundo ya es mucha movida, algo demasiado complejo e inaprensible. ¿Quién puede ya tirar del hilo, quién se atreve a desenredar esta maraña de deudas y culpabilidades; quién -pero quién: dímelo- quién puede ya sentirse capaz de entender toda esta puta mierda?
Y cada día, en el periódico, salen seis o siete chicos diciendo: yo lo entiendo todo. Entonces vas tú -mientras te tomas, por ejemplo, un sandwich con café- y eliges a uno.
Éste mismo.
O bueno, éste otro.
Yo qué sé, el que más te guste.
En realidad, viene a ser como un concurso de misses, sólo que con la verdad.
Mierda: es todo tan absurdo.
Pero queda quizás la estrategia de poner la mente en blanco, aceptar nuestra ignorancia, firmar una tregua con la impotencia.
Y acaso salir cabizbajo a pasear. Y quizás encontrar de pronto a alguien que te entienda a ti, alguien que te invite a descender de lo macro a lo micro, alguien capaz de hacerte recordar tu propia y verdadera historia.
No sé, alguien que te quiera.
Y si eso les sucediera, no pienses demasiado sobre ello.
En serio: ni se les ocurra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario