miércoles, 8 de mayo de 2013
Piensa en esto: cuando regalan un iPhone, te regalan un pequeño infierno florido, un espejo de colores, un calabozo de silicio. No te regalan solamente el iPhone, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, fabricado en China y diseñado en California. Te regalan -lo saben, lo terrible es que los de Movistar SÍ lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo. Algo que es tuyo pero que no es tuyo, que no puedes desmontar ni hacerle jailbreak bajo firme amenaza de perder tu derecho a reclamación. Te regalan la necesidad de tuitear todos los días, la obligación de actualizar constantemente tu estado en Facebook para que siga mereciendo la pena tener un iPhone. Te regalan la amargura de contar los segundos, los minutos, los días y meses de permanecía durante los que tendrás que pagar un facturón de aquí a Lima. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben y cualquiera pueda ver tus fotos porno caseras; de que se te caiga al suelo y se te rompa la pantalla (¡y cambiarla son doscientos pavos de ala!). Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor, mucho mejor, infinitamente mejor, estratosféricamente mejor que las otras. Te regalan la tendencia a comparar tu iPhone con el resto de gadgets y convertirte en un fanboy de mierda hasta el fin de tus días. No re regalan un iPhone, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del iPhone.
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